- No te ha pasado que a veces quieres hablar pero... no puedes…?
- Si… a veces…
-...quieres gritar y decir al viento una palabra pero nadie escucha…
- A veces… y uno puede llegar a sentirse solo…
- Tal como estaba hace unos años… créeme, la soledad es un recuerdo imborrable…
- Te sentías solo?
- Estaba solo… caminar por las calles llenas de gente y su bullicio creó en mí una muralla que no podía cruzar. Nunca estuve seguro de querer cruzar al otro lado... al lado de las sonrisas e ilusiones… preferí quedarme en mi esquina… callado… obstinado... seguro… tan sólo esperando un nuevo amanecer que acabara conmigo…
- Así fue como llegó?
- Del pasado recuerdo poco… y lo poco que recuerdo lo necesito muy poco… así que si algo no lo recuerdo claramente lo inventaré. Sí, así fue… nunca me di cuenta que mis pasos eran seguidos tan de cerca, no supe que en una esquina cualquier en el mes de enero ahí estaría… caminaba de día y noche Las ciudades se tornan inmensas en el días, mientras en las noches todo es más íntimo y cercano. Realmente no recuerdo haber sido partidario de la vida de día. Mis actividades de ronda y caza se acoplaban más a las noches serenas en compañía de las luces de las lámparas señalando el camino como enrejado citadino…así fue... en medio de aquel caos alguien estaba esperando, esperándome. No recuerdo a ciencia cierta cual fue su primera palabra, pero recuerdo una invitación… recuerdo una luna llena… recuerdo… muy poco… diablos!
Una caminata en donde las palabras se tornaron de meras trasmisoras de ideas a caricias sutiles… quizás así lo planeo y yo no lo sabía… fue todo tan lento que no noté cuando nuestros labios ya eran coro y llanto, y nuestros corazones dos manos entrelazadas firmemente… mi soledad empezaba a marcharse sin darme cuenta…
- Debió ser placentera esa sensación…
- Lo fue… recuerdo y revivo… nuestras andanzas eran periódicas, pocas pero constantes… confiables… andanzas de enamorados… donde el cómo y el por qué no existen, sólo el estar ahí… adentrarse uno en el otro mientras la vida afuera sigue su curso… nuestro encuentro se prolongó hasta un par de eneros más, la historia que construíamos era inmensa, grandiosa, y llega de sonrisas infantiles y felicidad abrumadora… pero no hay historia que dure para siempre, es una promesa que se pacta desde el inicio de todo encuentro… así que el final se acercaba y entre las palabras y caricias que uno intercambia o dona al ser amado, ahí precisamente venía la despedida implícita, despedida que no quería aceptar, me dolía, lo sabía, pero evitaba sentirla…
Sin recibir la despedida inició su primer viaje… seis meses, una veintena de cartas, diez fotos, una flor seca y un poema, fue lo que dejaron esos meses… transcurrieron rápido, el constantes alcance de un sentimiento intercalado en las líneas de una carta es increíblemente sanador…
A su retorno todo regresó, no sólo ella, si no la presencia total de su ser en mi vida. La ausencia se fue por completo, y a los pocos días entendía ese viaje como un parpadeo.
3 meses después su segundo viaje no fue igual que el primero. Las cartas eran esporádicas, su imagen por momento regresaba en mis recuerdos como una nube borrosa… una foto en un marco de madera color caoba era mi altar al que mis caricias debía dirigir, pero me negaba a encontrar reposo en tan efímero artefacto… la paciencia era primordial; no enloquecer con su ausencia, mi meta.
- Entiendo lo que se puede sentir en esos momentos…
- Fue desesperante para ambos… nuestra comunicación no era lo que habíamos construido... sólo era una ambigua letra amorfa. Pero hasta los días con lluvia tienen sol. Entre las nubes hay gotas de agua, y aún en lo profundo del infierno las sombras se mueven. Su viaje tenía que terminar, y terminó y volvió. Tal y como lo había prometido. Tal como su último beso me había susurrado.
- Si lo vez necesario, no continúes...
- Puedo seguir. Siempre he podido. Y así empezábamos a escribir un nuevo capítulo de la historia nuestra, mese pasaron. Años pasaron. Y llegó el momento de marchar por tercera vez. Esta vez fue muy diferente. Despedida hubo. Una noche increíble, una mirada de conquista. Una caricia. Un beso. Una carta. Un adiós. No podría describirla de otra forma. Ese último día tuvimos el mejor día de nuestras vidas. El que describiría el resto de nuestra existencia. Nuestros sueños vimos por vez primera que eran los miemos, misma casa, mismo futuro, misma pareja, mismas ganas… pero era inevitable que ella marchara. Quedé en irla a despedir al medio día, pero cuando llegué hacían 5 minutos de que ella había marchado… llegué tarde o ella se fue temprano… aún no lo sé…
- Y es por eso que aún la esperas?
- Esperarla? No la he esperado… este distanciamiento mío de la vida por cientos de años es sólo una réplica exacta de mi anhelo terco de su reaparición aunque honestamente este luto nunca ha tenido esperanza…
- Por que?
- Cuando me dijo de éste último viaje nunca dijo “Regresaré”
- …
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La canciòn de moda: Himno Veracruzano
